top of page

Cómo manejar conductas desafiantes en casa de forma efectiva

  • Foto del escritor: Luis Sanoja
    Luis Sanoja
  • 14 ene
  • 1 Min. de lectura

Las conductas desafiantes en casa —rabietas intensas, desobediencia constante, gritos o agresividad— generan agotamiento emocional en las familias. Muchas veces, los adultos sienten que han probado “todo” sin éxito.

Un punto clave es entender que manejar no significa controlar, sino guiar. La meta no es que el niño obedezca por miedo, sino que aprenda habilidades que le permitan autorregularse y comportarse de forma más adaptativa.


El primer paso es la prevención. Muchas crisis pueden evitarse con rutinas claras, expectativas visibles y transiciones anticipadas. Avisar con tiempo, usar horarios visuales y mantener consistencia reduce significativamente los conflictos.


Durante una conducta desafiante, el adulto debe priorizar la calma. Elevar la voz, amenazar o discutir suele intensificar la situación. El niño aprende más de cómo reaccionamos que de lo que decimos. Mantener un tono firme pero tranquilo envía un mensaje de seguridad y control.


Es fundamental reforzar las conductas positivas, incluso las pequeñas. Muchas veces se presta atención solo a lo negativo, mientras los comportamientos adecuados pasan desapercibidos. Reconocer cuando el niño sigue instrucciones, espera su turno o maneja una emoción refuerza esos patrones.


También es importante tener claro qué conductas se van a ignorar de forma estratégica y cuáles requieren intervención inmediata, especialmente cuando hay riesgo físico.


Finalmente, manejar conductas desafiantes requiere consistencia. Cambiar las reglas según el cansancio del día confunde al niño y debilita cualquier estrategia. No se trata de ser rígidos, sino predecibles.


Con herramientas claras, expectativas realistas y apoyo adecuado, las conductas desafiantes pueden disminuir, y la convivencia familiar puede volverse más tranquila y conectada.

 
 
 

Comentarios


bottom of page